El “Santiago está cambiando”, pasó de ser un slogan televisivo a la realidad más cruda, lo que antes fue una ciudad en desuso hoy está transformada en una metrópolis sobre construida, las empresas a cargo de los proyectos, han cercado la comuna más grande del país, privatizándola y destruyendo su continuidad arquitectónica. Al parecer, sólo nos queda apelar a la mano divina e invisible que regula el mercado.

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